La escasa afluencia de público debe servir como aprendizaje para enfocar de otra manera la estrategia del club

Volver a la Rosaleda era el sueño de muchos, pero no a cualquier precio. Los problemas económicos que han tenido los equipos por la pandemia no sólo han afectado al fútbol, y es que miles de personas se han visto envueltas en un ERTE, o lo que es peor, han sido despedidas de sus puestos de trabajo, algo que ha generado un cambio drástico en la economía de muchas familias.

El Málaga tenía claro que la vuelta de sus aficionados a La Rosaleda le iba a suponer unos ingresos vitales para su supervivencia esta temporada, aunque entendían que de producirse, debía ser de la forma más segura para evitar aglomeraciones dentro y fuera del recinto. Para ello, el club decidió sacar a la venta las entradas, eso sí, con tan sólo cuatro días de antelación y exigiendo varias medidas que algunos aficionados han catalogado de «exageradas».

Esta no fue la única queja que pudimos apreciar de la afición, ya que entendían que el precio de los pases eran exageradamente altos para un partido de pretemporada (la entrada más barata era de 10 euros, mientras la más cara era de 25). Por lo que parece, el club contaba con que esos precios iban a agradar al público, pero tras ver el pobre aspecto que presentó Martiricos, tuvieron que enfrentarse a una cruda realidad.

Tras el pitido final, las redes se llenaron de mensajes aludiendo a esa falta de público, incluso algunos llegaron a afirmar que «este Málaga no engancha». La realidad, o al menos eso pensamos muchos, es que ese no fue el motivo, ni mucho menos. Simplemente hay que ver la ilusión que tiene el malaguismo con esta nueva temporada, sobre todo, viendo el trabajo que se está realizando pese a la falta de recursos económicos, algo que ha hecho crear un vínculo muy cercano con la entidad que hacía mucho que no ocurría.

Esperemos que este partido haya servido para que desde el club replanteen su estrategia y comprendan la situación tan delicada que vivimos hoy en día. Lo de ayer no se puede ver como un fracaso, si no como un aprendizaje. Tienen todavía tiempo para intentar que la afluencia ante el Mirandés sea mucho más numerosa, y si lo plantean bien, seguro que no será difícil. La ilusión está, ahora sólo falta que se den algunas facilidades para que se vuelva a respirar el mejor ambiente posible en el templo de todos los boquerones.

Ignacio Pérez

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