La plantilla de Pellicer fue la víctima (4-0) en una fiesta del Rayo Vallecano en la que se sumó incluso Antoñín, que pidió perdón al malaguismo por su tanto

Las llegadas de Jairo, Mejías, Soriano… y la continuidad de Luis Muñoz elevaron al Málaga a una nube de la que se ha precipitado en Vallecas. Eso, sumado a las dos victorias consecutivas ante Castellón y Alcorcón dieron al equipo alas, pero la Segunda División no perdona los despistes. El conjunto de Pellicer no se presentó este sábado en el estadio del Rayo, o si lo hizo fue durante fases que fueron un quiero y no puedo en un once continuista con la principal novedad de Larrubia.

Desde el principio, el Málaga no estuvo cómodo. Enfrente estaba todo un Rayo Vallecano favorito para el ascenso y con numerosas armas que atemorizan a cualquiera. No es excusa, pero el equipo blanquiazul perdió por sí mismo, por sus propias incapacidades en un día en el que todo fue mal. Un calvario continuo que Dani Barrio, pese a sus varias y espectaculares intervenciones, no pudo evitar. Y es que cuando el destino te juega una mala pasada, poco hay que hacer. Eso, y que el Málaga no tuvo la misma tensión que en los anteriores partidos.

Primero, a los 18 minutos, un penalti por mano involuntaria de Ramón. Isi fue un castigo continuo durante los 90 minutos y transformó la pena máxima para poner en ventaja a los de Iraola. Tres minutos después, Juande se anotaba un gol en propia puerta absolutamente descorazonador. El central se llevó las manos a la cabeza tras su tremendo error y que condenó al Málaga. Si ya le cuesta levantar un mínimo resultado en contra, un 2-0 parece una cordillera difícil de atravesar.

Nada de Benkhemassa, poco de Ramón y menos de Cristian. El Málaga desapareció, en parte por el buen hacer del Rayo Vallecano, que tiene un equipo de Primera División. El paso de los minutos dejó en evidencia que el equipo tiene poco margen de reacción hasta que las nuevas incorporaciones no se instalen definitivamente en un club que necesita sangre fresca para coger velocidad de crucero en una categoría con un ritmo imparable. El siguiente rival, Las Palmas en La Rosaleda. Esto no para.

Y para colmo, dos goles más en contra con el sello de dos malagueños que agrandaron la herida en un partido para olvidar. Escassi estuvo perdido en una posición que no le conviene -le viene mejor el pivote- y Pozo anotó el 3-0 tras otra acción perfecta de Isi. No dio para más el Málaga. Y llegó la bomba nuclear directa al corazón del malaguismo: el gol de Antoñín para finiquitar el encuentro. De sonar para llegar cedido a La Rosaleda, a marcarle al equipo de su vida. Cuando salen mal las cosas, solo queda levantar el vuelo. Y a aprender de los errores.

Pablo Gil Mora

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