Entre todos la mataron y ella sola se murió. Sin echar más leña al fuego porque la candela está empezando a avivarse en el bálsamo de aceite que es el vestuario del Málaga Club de Fútbol, la derrota ante la Ponferradina ha puesto de manifiesto que el barco fletado por Sergio Pellicer tiene abierta una vía de agua que o se tapona ya o nos vamos a pique.

No tiene sentido alguno haber fichado un lateral diestro para ponerlo en la zurda y en la derecha un central en lugar de un lateral que estaba disponible. Dejando sin salida al equipo por ambas bandas. Alexander, por muy polivalente que sea, ha demostrado que en la izquierda no aporta nada en ataque y defensivamente tiene muchos problemas al estar cambiado de banda. Mejías, a parte de su ya tradicional falta de recursos tácticos, es un jugador voluntarioso pero con unas carencias técnicas claras que hacen que sus incursiones ofensivas sean poco productivas. Vaya que los venezolanos hacen menos daño al rival que un emblanco.

Otra cuestión criticable del once que dispuso el técnico ante la Ponfe es su empeño en no jugar en casa con dos delanteros. Ejemplo de jugada tipo del Málaga en casa: Chavarría, arriba solo a 20 metros de Cristian, su teórico acompañante, tira un desmarque de ruptura a una banda (casi siempre derecha), gana el balón y, en el caso de que pueda girarse, centra al área para que remate… ¿quién? Se supone que alguien que llegue en segunda línea, pero sus compañeros están tan alejados de posiciones de ataque que es imposible su incorporación, balón para el rival.

La tercera cuestión tiene que ver con la necesidad del cambio de manera de defender los balones parados laterales. Hace muchas jornadas que venimos mostrándonos como un equipo endeble en esas acciones… nos remata hasta Tyrion Lannister.

Y por último, la actitud. A este equipo no se le ha podido poner ni un pero en su capacidad de trabajo, en su sacrificio y esfuerzo. Hasta ayer. Parecíamos una sombra de ese equipo con alma que hemos visto en otras tardes incluso igual de poco afortunadas en juego. Pero si además no corremos, no sufrimos y no sudamos la gota gorda, pasamos de ser un equipo limitado a una mamarrachada. Así que pónganse el mono de trabajo o nos vamos a la B. Esto es muy largo y como dice un amigo se nos está poniendo una cara de Numancia que no veas.

Kiko García Delgado

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