Europa también se hace eco del buen balonmano que hay en Málaga

El Málaga Costa tira de valor para hacerse con su puesto en la gran final de la EHF European Cup

El límite para las jugadoras de Suso Gallardo no parecía llegar. A pesar de que la derrota cosechada en el último partido ante el Rocasa, todos conocían que poco influiría en la fecha señalada por todos los amantes del Málaga Costa. La tarde del tercer día de abril estaba preparada para que uno de los equipos españoles tuviera la oportunidad de luchar por un puesto en la gran final del torneo continental.

La renta de cinco goles, cosechada en el partido de ida por parte de las malagueñas, no era motivo de fiar y su rival lo demostró en los primeros minutos. Nada más empezar el partido, las jugadoras de José Ignacio Prades pisaron el acelerador para poner el 3-0 inicial. Tras los tres goles iniciales, se empezó a ver una reacción por parte de las panteras. Jugando con Almudena Gutiérrez desde el pivote y con las intervenciones de Merche Castellanos, se vio un cambio de mentalidad en la pista de Ciudad Jardín. Sin embargo, las gallegas y sus ganas de remontar eran innegociables. Es por eso por lo que, cuando ocurrió el tiempo muerto de parte del Málaga Costa, la diferencia volvió a ser considerable para el momento que era.

Corría el 20 de juego cuando las defensas superaban considerablemente a los ataques. Por parte del visitante, fueron capaces de poner el 4-8 para dejar más vivo que nunca. Fue entonces cuando se cambiaron las cosas por un nombre: Silvia Arderius. Cuando entró la madrileña al parqué las cosas cambiaron rotundamente para su equipo.

Sumado a la presión que ejercía el pabellón y su influencia desde el pivote, se pudo ver otra cara totalmente distinta. Es por eso por lo que, aunque el primer capítulo haya dejado que desear, tuvo un desenlace positivo para su continuación.

A la vuelta de vestuarios, el guion cambió de manera drástica. Desde un juego pasivo, las malagueñas fueron capaces de evolucionar su juego para acercarse poco a poco a la victoria. Según sufrían esa transformación eran más capaces de plantarle cara a su rival. Con el paso de los minutos, las fuerzas de las jugadoras gallegas fueron decayendo, a causa del muro a batir que tenían bajo palos.

Con la defensa abierta por parte de las visitantes, los espacios para el juego iban crescendo y, con ello, la gran final se iba palpando poco a poco. La olla a presión en la que se encontraba el pabellón influyó de manera contundente. El gol de Urban Medel, por parte de las guardesas, se quedó como una mera anécdota para cerrar la noche mágica para el balonmano malagueño y sus aficionados.

 

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