Foto: RFEF
Un penalti muy protestado por los malaguistas da el pase al FC Barcelona en un encuentro muy igualado
Estar en estas semifinales era ya un premio para el Málaga de Nacho Pérez. Los problemas económicos que ha tenido el club, ha afectado en gran medida a sus equipos filiales, que se han visto obligados a tirar en varios encuentros de jugadores de una categoría inferior. El ejemplo de esto lo tenemos con la delantera del equipo, y es que Larrubia, Loren, Roberto y Haitam han completado la mayoría de los entrenamientos con el primer equipo, provocando así un auténtico quebradero de cabeza al técnico del juvenil a la hora de diseñar sus convocatorias.
A pesar de estos contratiempos, la campaña que han realizado los blanquiazules ha sido prácticamente perfecta, proclamándose así como campeón de Andalucía con cierta solvencia. El título de liga clasificó a los malaguistas a la copa de campeones, situando a los andaluces entre las ocho mejores canteras de España.
Tras superar en primera ronda al Athletic Club (5-3 en el global), esperaba en semifinales un FC Barcelona al que le costó eliminar al Levante más de lo esperado, y es que los catalanes tuvieron que llegar a la prórroga para lograr ese pase a la siguiente fase del torneo.
Desde el inicio de la primera parte se vio a un Málaga que no estaba cómodo en el encuentro, y que además, mostraba un nerviosismo impropio de este equipo. Fruto de esto, llegó la acción que desencadenó en el primer tanto del partido, y es que David Larrubia, en un intento de despejar la pelota, golpeó por detrás al jugador del FC Barcelona, algo que el colegiado del encuentro consideró como pena máxima. Álex Rico no perdonó desde los 11 metros, y adelantó de esta forma al cuadro catalán.
En los segundos 45 minutos, los de Nacho comenzaron a imponer el fútbol que habían desarrollado durante toda la temporada, aunque no consiguieron el premio que estaban mereciendo. David Larrubia y Loren intervinieron más en el juego, y eso se notó, pero los centrales del cuadro blaugrana se mantuvieron imperiales y frenaron todas las ocasiones de peligro malaguistas.
Finalmente, y después de mucho remar, el Málaga muere ahogado en la orilla, pero con la satisfacción de haber realizado una temporada memorable y de haber ilusionado a una afición que necesita y merece estos estimulantes. Desde ya, la dirección deportiva deberá trabajar para intentar atar a esas joyas que quedan por blindar, y es que pese a la derrota, el malaguismo puede soñar con el futuro que le viene con esta generación de grandes futbolistas.
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